Una historia digna de una película, un libro, una novela (de esas que te atrapan sin avisar), pero ocurren en la vida real. Filou, un gato blanco y negro, nos regaló una pisca de esperanza. Un animal doméstico, sin mapas, ni GPS, desapareció en España y meses después apareció en Francia.
Después de recorrer más de 240 kilómetros, de forma silenciosa, imperceptible, una aguja en un pajar, casi invisible, hoy emociona a familias y a amantes de los animales que se conmovieron con esta historia, porque sí, en contra de cualquier pronóstico, apareció.
Todo comenzó en agosto, durante un viaje en autocaravana de sus papás humanos: Patrick y Evelyne Sire por el delta del Ebro. Hicieron una parada nocturna para cargar combustible, en una gasolinera de Maçanet de la Selva (Girona) y pasó, Filou se escapó, pero nadie lo notó. Ellos siguieron, cruzaron la frontera y una vez en Francia, comenzó la angustia: su gato no estaba.

Como papás responsables, no dudaron ni un instante, regresaron. Buscaron por todo el alrededor, dejaron comida, preguntaron al personal, contactaron organizaciones locales, avisaron a la Guardia Civil, sin resultados, pero no se cansaron, volvieron varias veces. Sin resultados, debían volver con las manos vacías y el corazón arrugado.
Con el pasar de los meses, la esperanza empezó a desvanecerse, pensaron miles de cosas, como suele ocurrir en estos casos. Pero no todo estaba perdido. DEspués de cinco, sí, cinco largos meses, la historia dio un giro inesperado.
En Homps, un pueblo del sur de Francia, una vecina comenzó a ver a un gato muy delgado rondando su casa. Lo alimentó durante con frecuencia y se ganó su confianza hasta que por fín, lo agarró y pudo llevarlo al veterinario. El microchip habló claro (y sin margen de dudas): era Filou.
Y como en las películas, de forma totalmente inesperada, un día cualquiera, recibieron una llamada los papás de Filou, Patrick y Evelyne, increíble: Su gato había aparecifo. Patrick fue de inmediato al lugar y efectivamente, era él. Era su gato, estaba vivo, cansado, delgado, pero estaba bien, estaba listo para volver a casa.
No hay certeza de cómo lo logró, cómo logró ese recorrido, cómo cruzó carreteras, pueblos, ríos y una frontera. Si caminó solo, si encontró donde guarecerse de las inclemencias del clima, si recibió ayuda de algún humano en el camino. Lo cierto es que sobrevivió. Y está de vuelta en casa, donde es amado.
Los gatos poseen una capacidad de orientación sorprendente: usan el olfato, los sonidos del entorno y, según algunos estudios, incluso la percepción del campo magnético terrestre.
Filou no solo volvió a casa; es una prueba viva de que, incluso en los escenarios más improbables, la esperanza puede caminar…si se te ha perdido tu gato, perro, por favor, no dejes de buscarlo. Esa llamada, podría llegar.

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